Mi documento acusa más años de los que mi cara de niña bien aparenta. Lacia de ojos color chocolate y manos de pianista que sólo saben tocar el teclado. Irreverente, ácida, ciclotímica, compradora compulsiva, quejosa, culo inquieto, criticona y eterna inconformista, también tengo momentos tiernos y bajo la guardia. Conmigo sólo hay que encontrarle la vuelta al rulo!
3 comentarios:
El cuento de la buena pipa que nos termina llevando a la conclusión de que, claramente, paso desapercibido.
Y caemos en una espiral de autoconvencimiento que los únicos que se la creen somos nosotros...
Saludos!
y si contás que no lo contás... qué pasa entonces?
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