- Ok, ya te expliqué todo. ¿Entendiste bien?
- Creo que sí...
- Bueno, hagamos una mini partida de prueba para ver.
- Dale!
....
- Ahora que ya jugamos con tus reglas... ¿las puedo cambiar?
- ¡¿Cómo las vas a cambiar?! Las reglas no se cambian, y menos en medio del juego!
- Es que las tuyas no me gustan. Para mí es más divertido jugar con mis propias reglas...
En los juegos (como en la vida) si cambiamos las reglas, cambiamos de juego.
jueves, 22 de octubre de 2009
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4 comentarios:
uffffff interesante reflexión
totalmente de acuerdo...
y la gente que es capaz de avisar que, por cansancio o lo que sea, preferiría cambiar las reglas y el juego, merece todo mi respeto!
ufffff
tal cual...
yo soy media caprichosa y siemrpe me gusta hacer las cosas a MI manera, o sea... no me puedo quejar mucho, pero claro, me molesta cuando me cambian als reglas.
quizás la vida sea eso, una puja continua por ver quién se queda con el derecho de imponer las reglas.
y la felicidad podría ser, entonces, llegar a un acuerdo para poner las reglas entre todos los participantes del juego.
paso la piedra y no la recibo!!
(no sé si tienen ese dicho allá)
Exactamente!
A mi mi juego ya no me esta gustando nada ¬¬
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